«Quiero, queda limpio» (Lc, 5, 12 -16)

En esta segunda semana del tiempo santo de Navidad, san Lucas nos presenta una escena sobria, tierna y profundamente reveladora: un leproso se acerca a Jesús, cae de rodillas y le suplica: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». La respuesta de Jesús no es un discurso, no es una condición previa, no es una reprimenda, no es una excusa: «Quiero, queda limpio» (Lc 5,13).

Esta frase concentra el corazón de la Navidad y podriamos decir del Evangelio mismo.

1. El Dios que se deja tocar.

La lepra, en el pensamiento bíblico, no era solo una enfermedad o condición física,  sino que era manifestacion del castigo de Dios, de impureza y por lo tanto de exclusión y aislamiento de la comunidad. El leproso debía vivía lejos, apartado, invisible y rechazado sin misericordia alguna. Sin embargo, este hombre hace algo atrevido: SE ACERCA. 

Aquí está el primer punto incómodo pero necesario:

Jesús no estaba lejos del leproso; era el leproso quien vivía lejos de todos. Y aun así, se acercó.

La Solemnidad de la Navidad nos recuerda exactamente esta realidad: "Dios no se quedó lejos".

“El Hijo de Dios… trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre” (Catecismo de la Iglesia Católica, CIC 470).

En Belén, Dios se hizo accesible. Ahi descubrimos que "Dios toca".

San León Magno lo expresa con claridad esplendorosa:

«La humildad asumida por el Verbo no disminuyó su majestad, sino que la hizo accesible» (Sermón 21 sobre la Natividad).


2. «Si quieres…»: la fe que no exige.

La súplica del leproso es profundamente navideña: «Si quieres…». Jesús no exige, no reclama, no impone. El leproso reconoce el poder de Jesús, pero se abandona a su voluntad.

Aquí aparece una verdad dura pero liberadora:

Jesús siempre quiere salvar, pero no fuerza el acercamiento.

«Dios llama al hombre a servirle en espíritu y en verdad; el hombre está obligado a responder libremente» (CIC 2002).

Navidad queridos hermanos no es solo que Dios venga; es que el hombre lo reciba.

San Juan lo dirá con claridad: «Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron» (Jn 1,11).

Muchas veces no es que Jesús no quiera limpiarnos; es que no nos acercamos, no nos exponemos, no nos arrodillamos.


3. «Quiero»: la voluntad salvadora de Jesús.

La respuesta de Jesús es decisiva: «Quiero».

No dice “veremos”, no dice “te aviso la proxima semana”, no dice “si cumples”.

San Alfonso María de Ligorio lo deja claro:

«Dios no solo puede perdonar; desea hacerlo más de lo que el pecador desea ser perdonado».

Esta voluntad es la razón de la Encarnación:

«El Hijo de Dios se encarnó para salvarnos reconciliándonos con Dios» (CIC 457).

Debemos comprender que la Navidad proclama que Dios quiere: quiere entrar en nuestra historia, quiere entrar en nuestra miseria, quiere tocar lo impuro de nuestra vida sin miedo a "contaminarse", quiere levantarnos


4. María, nos enseña a acercarnos.

Este episodio evangélico no puede estar completo sin una mirada mariana.

María es la primera que creyó que Dios quería.

Ante el anuncio del Arcángel San Gabriel no le pregunta si Dios puede, sino cómo se realizará lo que Él quiere (cf. Lc 1,34).

Maria es el modelo del leproso del Evangelio: humildad, confianza, cercanía.

San Bernardo de Claraval afirma: «Por María nos viene la gracia; por ella aprendemos a acercarnos sin miedo».

En la noche santa de Navidad, María no solo nos muestra al Niño, sino que aun hoy nos enseña el camino hacia Él.

Ella sabe que Jesús no rechaza al que se acerca con fe, aunque esté cubierto de miseria.

¿De qué lepra necesito ser limpio?

El Evangelio no solo debemos meditarlo, sino confrontarlo con nuestra vida.

¿Qué me mantiene a distancia de Cristo?

¿Qué heridas, pecados, miedos o culpas me han convencido de que “no puedo acercarme”?

¿En qué momentos he pensado que Jesús escucha a otros, pero no a mí?

La Navidad desmonta esa mentira del demonio.

El Niño de Belén y el Jesús que dice «Quiero, queda limpio» son el mismo Señor.


Dios se hizo pequeño queridos hermanos, para que nadie tenga miedo de acercarse a Él.


La Navidad aún no termina, sigue iluminando y enseñándonos que Dios vino, pero que es necesario decidir acercarse.

Jesús sigue diciendo hoy, con la misma autoridad y ternura: «Quiero».

La pregunta no es si Él está dispuesto a escucharnos.

La pregunta es si nosotros estamos dispuestos a dar el paso, caer de rodillas y dejar que nos toque.

Que María, Madre del Dios encarnado, nos enseñe esta Navidad a no huir de nuestra lepra, sino a presentarla con confianza ante Aquel que siempre quiere limpiarnos.

Comentarios

Entradas populares